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Una Telaraña de Hielo

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Me paso día tras día enhebrando en mi corazón un hilo de escarcha que para el fin de semana se cristaliza en un brillante filamento de hielo con el que me dedico a hacerte una telaraña. Una pequeña e inocente trampa que naturalmente esta programa para deshacerse y volverse inútil cada mañana. Sin embargo, aun que mi hilaza tenga una bomba de tiempo natural, yo le presto atención hasta el más mínimo detalle. Me encargó de que sus diseños sean lo suficientemente elegantes como para intrigarte a caer en ella, de que sea lo suficientemente delicada como para acurrucarte en su centelleante existencia, de que sea lo suficientemente elástica para poder bailar contigo dentro de ella y de que sea completamente mía para que entre los hilos se cuelen las caricias y los besos que te tanto te han estado esperando.  Incluso cuando las primeras gotas de sol deciden marcar el inexorable final de mi ratonera,  ya lo he preparado todo para que al derretirse asemeje al rocío refrescante de la primavera que se detuvo unas horas con tu sonrisa al pasar. Sí, yo te tejo una telaraña de hielo. Una que no puedes ver, una que ni siquiera te puedes imaginar. Porque la realidad es que su mecanismo sólo es eficaz con tu inocencia, con tu ignorancia sobre las canciones que mi corazón compone en las nubes a la que lo mandas con tus palabras. Ya que si fueras consciente del poder que tienes sobre el reino de mis emociones, no sería posible quitarte tu corona con un beso.  Uno de esos besos con los que sonríes  y  dejas escapar una pequeña risa disfrazada de suspiro. No, no sería posible engañarte. Porque si tu corazón no llegase a responder al ritmo que el mio marca con escuchar tus pasos, no podría encontrar las fuerzas para desenredarse de mi gélida trampa y quedaría atrapada en sus punzantes esquinas antes de si quiera poder pensar en atraparte en mis brazos con mis estúpidas excusas de amarte.

By | 2015-06-27T05:16:28+00:00 abril 28th, 2015|felicidad, Melancolía, romance, Uncategorized, vida|0 Comments

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